EL ABORTO: SU VIDA O LA MÍA (DEL MIEDO AL AMOR Y LOS VALORES)
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miércoles, 17 de abril de 2019, 12:04:36 pm 

Miedo es una de las palabras más escuchadas en estos tiempos.

Las mujeres sentimos miedo. No sólo si vamos caminado por una calle oscura: si sentimos que vamos a fracasar, a quedarnos solas, al que dirán, a enfrentar algo nuevo, a decepcionar a otros.

Mujer, ¿haz sentido esa fragilidad?

Seguramente . Te has sentido delicada, sensible, con necesidad de sentirte protegida, amada, respetada.

Es real.

Es natural.

Lamentablemente, nuestro entorno no es así.

Carece de todo ello.

Lo miramos en una ventana: la ventana del aborto, de ese trending topic que también es tabú, una guarida de miedo.

¿Legalizarlo o no?, esa no es una cuestión banal, es también un pozo de miedos, un profundo debate que toca la raíz de nuestra condición humana, cambiante, compleja.

Hay una interminable batalla argumentativa sobre el cuerpo femenino, sobre la decisión de la mujer, sobre circunstancias que quisieran antojarse hipotéticas pero que son terriblemente posibles: una violación, un mal congénito, un hijo no deseado.

La concepción es una prueba física, psicológica y financiera. Nadie lo niega.

Pero profundizar, escudriñar en las entrañas de esta situación cuando está implícito un deseo frustrado, es ineludible. Tratándose no de una, sino de dos vidas, se hace siempre necesario.

Miedo. Un sentimiento de desconfianza, un impulso incierto hacia la idea de que ocurrirá algo contrario a lo que se desea.

Eso es lo que las mujeres sienten al encarar la probabilidad del aborto, al buscar una salida repleta de inevitable dolor.

Vale preguntar dónde está la sociedad, la familia, los maestros cuando una mujer en ciernes entrega su cuerpo por primera vez, movida por una pasión y no por un valor; dónde está la educación del chico que no uso protección, o que forzó un momento para conocer la satisfacción de un mero acto carnal; quién se pregunta, en el día a día, dónde dejamos el amor a la vida y el respeto a una mujer.

Cuando los padres descubren que el hijo que esperan tiene una enfermedad o una discapacidad, necesitan su amor y solidaridad para afrontar la realidad y superar el miedo.

Pero a menudo oyen la voz de quienes dan consejos y no tienen que lidiar con sus resultados, los que dicen que es mejor interrumpir un embarazo, que es conveniente ser así de egoísta, que es fácil tomar esa salida.

No es el sexo, es el amor.

No es el embarazo, es una vida.

No es el sufrimiento, es la muerte.

Legal o clandestino, el aborto no debe llegar antes que el reconocimiento de la vida.

Nos falta poner más atención a la educación, a los valores, en la virtud que nos dio la naturaleza de engendrar, de concebir un ser igual a nosotros, un ser que merece ser cultivando con amor y valores.

Ese es el secreto.

Esa es la semilla que aún no germina en nuestra sociedad ni en los anhelos de una mejor vida basada en la simulación, en el conforto de ideas desprovistas de sentimientos. 

Hay que formar hombres y mujeres fuertes que pierdan el miedo.


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